La Sociedad de la Información
El siglo XXI se presenta asomando el rostro de un nuevo paradigma de sociedad, un modelo donde la información entendida como conocimiento acumulado de forma comunicable aparece como el cimiento del desarrollo económico, político y social. El proceso de transformación hacia este modelo –se afirma– es irreversible. El avance tecnológico faculta al ser humano para hacer provecho de datos, información y conocimiento en formas, modos o maneras sin precedentes, propiciando un intercambio científico, cultural y técnico a escala mundial, pasando sobre las barreras geográficas, las divisiones políticas y las de tiempo. Una gran oportunidad histórica.
Dinámica actual
Conforme nos adentramos en el nuevo siglo, es más que evidente para las distintas organizaciones el entorno dinámico y de incertidumbre al que se enfrentan a diario, si hemos de ser rigurosos: 24 horas, los siete días de la semana, todo el año. Los increíbles avances tecnológicos han hecho posible lo que hace apenas algunos años era considerado como ciencia-ficción. El mundo se ha empequeñecido virtualmente: ahora es posible compartir ideas, proyectos y resultados, por citar sólo algunos ejemplos, sin importar las distancias geográficas o los husos horarios. En consecuencia, las organizaciones se ven inmersas en un proceso continuo intentando anticipar, reaccionar y responder a un medio ambiente de cambio, duda y complejidad. Considerando el grado de interdependencia y diversidad a que se ha llegado en los tiempos actuales, tal mecánica es indispensable para garantizar un mínimo de condiciones de supervivencia.
Nada parece detener el cambio ni se anticipa una posible disminución en su velocidad, por el contrario, da la impresión de incrementarse cada vez más, añadiendo severas presiones a las estructuras internas de cualquier organización. Se requiere saber más en menos tiempo con el fin de tomar las decisiones correctas.
Para mantener la adaptabilidad, es necesario crear y preservar un estado de cambio permanente en estructuras, procesos, objetivos y metas; como ejemplo, la capacitación tiene que considerarse de acuerdo con los parámetros dinámicos del medio: es preciso un aprendizaje organización donde el no aprender se encuentre abolido y el personal mejore continuamente sus capacidades, porque podría ser la única fuente para lograr ventajas competitivas y de eficiencia en los productos y servicios.
Cotidianeidad de la tecnología
Esta situación se ha concretado en dos tipos de individuos, en cuanto a su visión de esa tecnología tan abundante en nuestra vida cotidiana, los que Víctor Manuel Marí Sáez y otros pensadores llaman tecnofóbicos y tecnofílicos, detractores y adoradores de las nuevas tecnologías.
Visión tecnofóbica de la sociedad
Se ve como negativo:
• El poder que se encuentra detrás de las nuevas tecnologías.
• El acceso restringido por razones económicas.
• El individualismo que genera el diálogo con el ordenador.
• La realidad fragmentada y virtual que nos ofrecen.
• La massmediatización embrutecedora.
• La destrucción de fuentes de trabajo.
Visión tecnofílica de nuestro mundo
• Tenemos libertad para pensar, decir y comunicar.
• Podemos dialogar en tiempos reales con bajos costos y con cualquier persona en cualquier lugar del planeta.
• Manejamos toda la información que se produce en el mundo, lo que se ve como sinónimo de conocimiento.
• Poseemos un espacio de esparcimiento, placer y felicidad.


